| 05/07/2012

Nuestro viaje a Berlín (III): Tres perspectivas diferentes de un mismo viaje

Alberto Montero Lavilla (alumno de 1º de Bachillerato) /

 

 

Desde el pasado 1 de febrero hasta el día 5, los alumnos de 1º de bachillerato tuvimos nuestro viaje a Berlín. Aunque la temperatura estaba por debajo de 0ºC, disfrutamos cada momento del viaje.

El primer día hicimos un tour en autobús, y lo primero de lo que te das cuenta es que todas las calles principales son muy anchas. La guía, que era realmente buena, nos contó que Hitler las hizo tan anchas para poder celebrar en ellas los desfiles militares. El autobús nos llevo hasta la zona este de la ciudad que había estado bajo el protectorado de la Unión Soviética, y allí pudimos apreciar una arquitectura mucho más sobria. Recuerdo incluso que había una calle que me recordó a Moscú.

Si alguna vez vas a Berlín, no te puedes perder el campo de concentración de Sachenhausen. En la entrada hay un letrero que dice: “El trabajo os hará libres”. La guía nos contó muchas historias sobre la gente que tuvo que vivir allí, y una de las cosas que más me impresionó es que hacían formar a los prisioneros durante horas a unas temperaturas extremas y sin poder mover ni un solo dedo. Realmente me chocó pensar en las condiciones de vida tan terribles que tuvieron que soportar los prisioneros. También es curioso el hecho de que el hijo de Stalin murió en Sachenhausen. Cuando los alemanes se dieron cuenta de que tenían prisionero al hijo de Stalin, intentaron intercambiarlo por un general alemán prisionero en la Unión Soviética, y fue el mismo Stalin el que renegó de su hijo por lo que lo dejaron morir en el campo de concentración. 

Otra visita placentera es la de la ciudad de Potsdam, antigua capital de Prusia. Allí puedes ver los palacios y jardines que pertenecieron a Federico II, el grande, rey de Prusia, al cual le gustaba la música y le encantaba tocar la flauta. Como estaba obsesionado con Francia, imitó el estilo francés de la época para decorar sus jardines, que a su vez también tenían viñedos.

Al final volvimos de nuestro viaje, sanos y salvos, y ahora nos quedan muchas aventuras vividas que compartir con nuestros familiares y amigos.