| 23/01/2012

Los referenciales básicos de la persona

Carmen Castelló Tardajos (Directora colegio Areteia) / Actual Edu

Cada persona, desde que nace,  cuenta con un temperamento o predisposición que le lleva a ser “más sensible que otros, o “más imaginativa”, o “más lógica”, o a realizar unos “determinados ademanes”, o a enfrentarnos a las situaciones con tendencia al enfado. Es frecuente que las madres o los padres digan: “igual que su padre”,  o “lo hace como mi madre”. Cada persona nace con unos rasgos que mucho tienen que ver con las reglas de la herencia. Este temperamento nos permite que veamos reflejados en los comportamientos de nuestros hijos, algunos rasgos heredados, que vislumbramos desde la infancia y que, a veces, lejos de desaparecer, se acentúan con los años.  

Pero el temperamento no es “determinista”, ni es algo que convierte nuestros actos en buenos o malos, es simplemente el punto de partida sobre el que se forma la persona; cada uno cuando nace “es”, pero esa personita tiene todo el poder para desarrollarse. A partir del temperamento se desarrolla el carácter y la personalidad.

La gran meta de la educación será favorecer que cada sujeto desarrolle su carácter y forme su personalidad de manera favorable para él mismo y para su integración en la sociedad. La  interacción con los padres, con los maestros y con los distintos medios en los que se desenvuelva asiduamente, irá influyendo, de una manera u otra, en este desarrollo. A lo largo de la vida cada persona irá cargando y descargando “su mochila” de experiencias, de comportamientos, de pensamientos, de hábitos, de estrategias, de sentimientos; que irán configurando una forma de afrontar la vida y los rasgos  básicos de su personalidad. No siempre será positivo lo que cargue en su mochila y tendrá que aprender a cargar y descargar, si quiere que su personalidad vaya a favor de una “vida buena”.

¿Cuál es la función de la educación? La educación que padres y profesores demos a nuestros niños y adolescentes debe ir enfocada a mediar, guiar, encauzar,  pero esta acción de entrenar siempre presupone una transmisión de valores, la educación nunca puede ser neutra, necesariamente siempre está cargada de valores, incluso cuando se pretenda ser escépticos (hemos pasado un tiempo en que hablar de valores parecía que presuponía adoctrinamiento), porque el valor se marca por acción o por reacción, por actuación u omisión, toda educación  presupone una cierta concepción de la persona y de la sociedad y detrás de una intención educativa siempre hay una predisposición,  una preferencia, una opción, una elección. 

En el proceso de guiar pretenderemos que nuestros niños y adolescentes aprendan a cargar y descargar adecuadamente su mochila, para que se conviertan en personas capaces de sentirse bien consigo mismo, bien con los demás y que desarrollen la capacidad de hacer lo que desean, sabiendo elegir en cada momento lo más conveniente. Este proceso de madurez es lo que se llama crecimiento personal.