| 19/12/2011

Éxito Escolar

Luis Madrid Giménez (Director Lledó International School) / Actual Edu

Muchas veces nos planteamos cuáles son las claves que como educadores debemos tener en cuenta para conseguir superar el mal llamado “fracaso escolar”, que más bien  denominaría “fracaso social”. En este sentido, y como las palabras positivas atraen los hechos positivos, prefiero hablar de “éxito escolar”.

Así pues, como responsable de un centro NACE donde la palabra “fracaso” no entra en nuestro diccionario,  día a día veo niños y niñas felices que disfrutan sus clases, su aprendizaje, a sus profesores, y lo más importante, lo comparten con sus familias.

Quizás es en este último aspecto donde habría que empezar a plantearse el porqué de gran parte del mal llamado “fracaso escolar”. ¿Pretenden las familias que sea el colegio el único elemento que facilite el aprendizaje, y que maestros y profesores deben sacar una varita mágica para crear un ambiente de aprendizaje que luego no tiene continuidad? ¿Cómo puede un adolescente de catorce, quince años querer plantearse una cultura del esfuerzo si no lo vive en casa, si no tiene normas, si sencillamente haga lo que haga todo vale, porque su único objetivo es cumplir dieciséis años para dejar de estudiar? ¿Quién debe ser el encargado de poner estas metas, estos objetivos, y por último y más importante, quién debe ser el responsable de poner normas y motivar?. El Colegio?

A mi entender no. La familia  es la primera gran responsable de cultivar en los jóvenes ese germen de la NO indiferencia hacia el esfuerzo, hacia las altas expectativas, y finalmente hacia una formación que les permita decidir en su futuro lo que sea, pero estando preparados.

Afortunadamente  aquellos que hemos creído en los tiempos de bonanza económica, y en los actuales, continuar exigiendo, formando a los profesionales, cuidándolos como los principales “motores” de éxito, y exigiendo a las familias involucración y firmeza con sus hijos, vemos y comprobamos que también hay muchos niños y jóvenes que no sólo están siendo felices estudiando, sino que están aprendiendo más y mejor disfrutando de un exigente pero reconfortante “éxito escolar”.

Como director de Lledó International School me siento satisfecho  al comprobar el insignificante número de alumnos (por no decir ninguno) que abandona sus estudios a los dieciséis años, que repite curso, o que suspende asignaturas para septiembre. Nadie les regala nada, más bien lo contrario. Se les exige desde el primer día de clase (adelantándonos al calendario escolar, inclusive) hasta el último de junio si se da el caso. Se les facilita extender su jornada, y asistir a clases extra, si es necesario, pero todo ello gracias a la insistencia en dos aspectos fundamentales: docentes formados y motivados, y familias involucradas en el proceso educativo de sus hijos, con los que se establece y exige una comunicación continúa.

Sin control en casa, sin normas, sin motivación, sin planificación de expectativas por parte de padres y tutores es difícil conseguir nada. Podríamos tener los mejores recursos pedagógicos, tecnológicos, de instalaciones,  aulas de apoyo por doquier, o cualquier otra medida que creamos, pero difícilmente conseguiremos crear una cultura del éxito si no la fomentamos desde la Educación Infantil, y si no se establecen los medios necesarios para involucrar a las familias de una manera directa y reglada en el proceso educativo de sus hijos.

Por supuesto que después será conveniente que dispongamos de todas las medidas recursos y acciones  comentadas, y bastantes más que los educadores estamos acostumbrados a requerir,  pero si algo he visto  siempre  repetirse como parte del “éxito escolar” de los alumnos  es la involucración de las familias en la educación de sus hijos ofreciendo un clima de estabilidad emocional, de motivación pero a la vez de firmeza.

Por ello, y porque continúo viendo cada mañana niños que llegan a su colegio  con una sonrisa correspondida por todos, y se van con la satisfacción de haber aprendido algo más sin perder esa imagen de felicidad y satisfacción, conscientes de que su casa va a ser la continuación de su formación, es por lo que continúo creyendo que nuestros niños, niñas y jóvenes también entienden, si se lo explicamos bien a ellos y planteamos a sus familias, que el futuro lo pueden marcar por sí mismos.

Sencillamente hay que decidir proponérselo y planificarlo  desde que empieza su vida escolar para pensar que nuestros alumnos no sólo tendrán “éxito escolar” sino que decidan lo que decidan en el futuro estarán preparados.